Con el embalse de Pinilla a sus pies y bajo el puerto de Navafría, Lozoya goza de un paisaje difícil de superar. Este pueblo en la Sierra Norte, situado a 85 kilómetros de Madrid se encuadra en el Valle del Lozoya, al que da nombre el río que lo recorre, a 1.114 metros de altitud, con 559 habitantes.

A pesar de que hoy en día es un pueblo pequeño, que sufrió las consecuencias del éxodo rural en el siglo XX a lo que se suma un importante descenso de la tasa de natalidad, se trata de un municipio que ha jugado un papel muy importante en la historia.

UNA HISTORIA DE MILES DE AÑOS

Los primeros pobladores de Lozoya datan, según los yacimientos arqueológicos de hace 14 millones de años y eran animales de grandes dimensiones. El inicio de la presencia humana se remonta a la glaciación würm, el último periodo glaciar hace más de 110.000 años. En esta época el norte de la Comunidad de Madrid fue poblado por tribus de cazadores nómadas. Se han hallado restos de homínidos que habitaron en la zona, antepasados directos del Hombre Neandertal.

Algunos escritos conservados hablan de un antiguo enclave romano en Lozoya, sin embargo, la fundación real de Lozoya data del siglo XI, por orden del Rey Alfonso VI “El Bravo”.  Los generales encargados de la fundación de Lozoiha fueron los encargados de la reconquista de Madrid que se completó en 1083. En Lozoya existió también un fuero propio.

LA BODA DE JUANA LA BELTRANEJA Y LOS REYES CATÓLICOS

El valle fue después gestionado por la Sociedad de Quiñones, dependiente del Concejo de Segovia. Estos Quiñones son el precedente más remoto de los municipios que hoy ocupan el Valle del Lozoya. En el siglo XIII, Juan I, hijo de Enrique de Trastámara se trasladó a la zona para construir una casa para su orden, naciendo así El Monasterio de Santa María de El Paular.

En 1419 nació en esta población Juan Pacheco, quien se convertiría en marqués de Villena y Belmonte y tomaría un papel de gran relevancia en el reinado de Enrique IV. Fue el artífice y urdidor del nombramiento de Juana la Beltraneja como heredera y su de su boda con el Duque de Guinea. Este trató de apartar a Isabel de Trastámara de la Corte e incluso encarcelarla, sin embargo, finalmente Lozoya se convertiría en el “Señorío de la Infanta Isabel”. El casamiento de Juana La Beltraneja se celebró en una finca propiedad de Juan Pacheco junto al Río Lozoya, pero más cercana al municipio de Gargantilla del Lozoya.

Los Reyes Católicos fueron quienes donaron Lozoya a Madrid. La Inquisición tuvo un papel importante a lo largo de la historia, con varias limpiezas de sangre. Un episodio que marcó la historia de este municipio fue la “peste” de 1599. La peste bubónica acabó allí con más de 250 personas, el 6 de agosto de 1600 como agradecimiento a Dios por frenar la epidemia, se proclamó el que hasta hoy ha sido el patrono del pueblo, El Salvador.

DE LA GUERRA CIVIL A LA ACTUALIDAD

Lozoya, más en concreto el puerto de Navafría, se convirtieron en frente de guerra durante los primeros días de la guerra en 1936. El bombardeo a las posiciones republicanas y su réplica provocaron la desolación en el municipio. Lozoya quedó tan destrozada que tuvo que intervenir la Dirección General de Regiones Devastadas. Los mayores aún cuentan como sus casas quedaron reducidas a escombros y como la Iglesia fue saqueada y expoliada.

Hoy, Lozoya es un pueblo pequeño en el que abundan segundas residencias para pasar el fin de semana o el verano. Muchas personas aún se sienten atraídas por su paisaje, que es abrumador, sin embargo, pocos conocen la importancia de este municipio a lo largo de la historia. En los últimos años se ha potenciado el turismo familiar, con instalaciones de multiaventura y gran variedad de oferta de deportes de agua. Se conservan importantes monumentos como el puente medieval del Congosto, la Iglesia del Salvador y el Antiguo Convento.